
Jamás había pasado siquiera por el camino que conducía a la Escuela de Aeronáutica en Pando…
Y mucho menos, “ni loca”, seguir en el colectivo o en tranvía más delante de Villa Lezica, ya en Montevideo,para llegar unas 16 cuadras más adelante al viejo aeródromo de Melilla, hoy Angel Adami…
Aviones…?? -¡..JAMÄS…!!!
Si lo sabría yo que, cuando “teen-ager” había salvado -por “traga inmundo”- con el primer puesto y primera beca el examen de ingreso a la EMA y después, por un extraño misterio, ya no tenía el permiso “del padre, madre o tutor” exigido…
Y chau YO…
Me ví “a prepo” en la Infantería…
Mamá… mamita querida…!!!
Pasaron muchos inviernos… muchas primaveras… divinos veranos playeros…
Aquel pibe que yo era, se vio convertido en hombre, por natural obligación…
A los veranos, siguen los otoños…
Y el otoño suele ser también una muy hermosa estación.
Depende de dónde y cómo nos encuentre…
En síntesis, dependerá de tu espíritu…
Veinte o más años después de aquel permiso “perdido”, llega mi madre a Fray Bentos en compañía de su doctora…
Más que médica personal, una verdadera amiga y compañera…Estaban ambas disfrutando turismo vacacional, recorriendo el Litoral uruguayo y planeando continuar por el Litoral entrerriano de Argentina…
Un par de días en Fray Bentos, la ciudad que es “Romance de Sol, Barranca y río” y la intención de seguir a Paysandú al norte, para cruzar luego a Colón-Argentina…
En esos días, no había ningún horario de ómnibus (colectivo) adecuado al paseo turístico de estas buenas señoras…
Si utilizaban las frecuencias disponibles, perdían toda la jornada para hacer escasos 115 kilómetros de ruta…
Y surgió la explosión de la bomba, en la inocente pregunta de la doctora:
¿Y no se animará Perucho a llevarnos en el avión hasta allí…?(ACLARACIÓN: **No se autorizan cargadas… Sí… ese es mi “apelativo” familiar por Pedro… Y qué pasa..?? … ¿Alguien ronca…??...)
Sí… teniendo en cuenta el sentimiento de mi madre respecto a los aviones, ese bombazo inocente fue como un Hiroshima en la cocina de mi suegra…
Silencio de mil años de pronto…sordera total…
Mi esposa me mira con desesperación al borde del hara-kiri…
Mi suegra, como escuchando un ruido, porque nada sabía…
Yo…No sabía que decir y entonces, como p’arreglarla me sale… “Yo no tengo ningún problema… es una pasadita…”
Miraba p’a otro lado… no podía mirar directamente a mi madre en aquellos inigualables ojos color de cielo que –sin embargo- sabían reprochar, sabían admirar y sabían rogar…
La doctora siguió con inocente saña: “Qué te parece Hilda… es lo mejor…en un ratito estamos allá y pasamos todo el día…”
Yo nada hablé.
Mamita, saca fuerzas de su orgullo herido y dice de pronto… “Tenés razón Dora… si Perucho nos lleva, vamos…”
Fue como una sentencia definitiva del primer magistrado: Me sentí reo de la peor calaña, culpable sin remedio por haber dejado indefensa a mi madre y obligarla a aquel horrible sacrificio…
-Los hijos podemos ser muy crueles con nuestros padres…
La respuesta de mamá fue el punto final de la conversación… Mi suegra y la doctora, lo vieron como la cosa más natural del mundo…
Mi mujer y yo no reaccionábamos del mazazo psicológico…
Mamá… mi mamita del alma… Tenía sólo una dulce mirada celeste de resignación que terminó de apuñalarme el corazón de hijo ingrato y perverso…
Salida urgente al supermercado junto a mi esposa a comprar lo que fuera…El asunto era hablar a solas de la terrible situación que se había creado…
“Boggi” (A no cargar, así me dijo toda la vida mi esposa... estamos en familia y confío en mi familia, guachaje infame)…¿Qué vas a hacer…?... tu mamá le tiene terror…Pobre Hilda… Deciles que el avión está roto… cualquier cosa…
Yo, culpable del obligado heroísmo de mamá, no le encontraba solución…Recuerdo que reiteré una vez más… “Mamá nunca voló en un avión… ni se acercó…”
-Pero ninguno queríamos mentir… ni siquiera por piedad…Decidido: “Dejame Raco (mi esposa)… Yo voy a hablar a solas con mamá… es lo menos que puedo hacer…”
Volvimos y rápidamente traté de encontrar espacio para hablar a solas…No pude.
Miraba a mamá y sus ojos, ahora de un azul más oscuro, sin embargo parecían burlarse de mis tribulaciones… “No te preocupes por mí –como tantas veces-… a ver cómo salís de este examen hijo mío… mostrale a mamá si aprendiste a volar…”
-Nunca pude preguntarle si mi pensamiento estaba en lo cierto, o era mi deseo íntimo de mostrarle a mamá mis habilidades, a pesar de sus sentimientos…
Aquello de “vení mamita, subite al árbol que vas a ver qué lindo se ve desde acá…” ¿Seguía siendo un inconsciente y malvado niño-diablo…?
La hora se nos vino encima y sólo pude hablar con mi esposa rápidamente…“Vos venís también… Vos y la doctora se sientan atrás en el Tri-Pacer y la ponemos a mamá adelante conmigo, para que esté más cómoda y controlarla…
Vos sentate exactamente detrás de ella… la doctora la puede observar mejor del otro lado…”
Resuelta la desalmada estrategia, subimos los cuatro al Buick y partimos al aeródromo.
Ni qué hablar de los cuidadosos preparativos y la inspección pre-vuelo…
¡Infartante…!!! Como diría el Obdulio.
Mentalizado y concentrado, más que para un gran premio de fórmula uno, para el más difícil examen de toda mi vida…Llevando la carga más valiosa que jamás podría haber imaginado…
Mis conocimientos y habilidades, ante la lupa del único examinador al que un hijo nunca puede engañar aunque lo crea…En la cabecera 18, hechos los chequeos respondiendo a las preguntas de su significado que me formulaba el “Tribunal Examinador” inicio la carrera de decolaje… suave y progresivamente, con el máximo de potencia en los sensores de las yemas de mis dedos y las puntas de mis pies…
Muy ligeramente “separo” al Tri-Pacer del pasto y nos vamos elevando casi imperceptiblemente…
Siento que jamás he volado tan finamente…
A los 300 pies inicio un también imperceptible viraje en ascenso a la izquierda para dirigirme al río Uruguay y remontar su curso hasta Paysandú…
Estimo que es un hermosísimo panorama para que mi madre lo vea…
Pasaremos a poca altitud sobre el puente internacional en esos días en construcción…
Elijo una altitud segura de 2800 pies, nivelo y, con el sol iluminando desde nuestras espaldas, realmente el paisaje del río Uruguay y su infinidad de islas y curvas, es formidable… de ensueño…
Más que los instrumentos, mis miradas se reparten mayormente hacia mamá a mi lado…Su rostro refleja veterana serenidad…
No pierde detalle de lo que ve…¿Estás bien mamita…?
Mi madre responde iniciando un movimiento como si quisiera incorporarse y me dice: “Sí… lo más bien… Un poquito baja para ver bien allá adelante… Los botecitos son preciosos y esas islas parecen de libros de cuentos…”
MI esposa me mira confundida…Cuando vio que mamá se movía creyó que algo le pasaba…
Ya a la vista del aeródromo de Paysandú, me animé a la pregunta definitiva… al resultado final del examen… quería saber si había aprobado o me habían bochado…
“Y... mamá... qué te parece esto... estás contenta...?
Quizás había una tremenda e inocultable ansiedad en el tono de mi voz...¿Buscando el tácito perdón?...
Sonriendo, mi madre me responde... “Precioso m’hijo... hermoso... lástima que haya sido tan cortito...”
-Realmente no sé si las lágrimas inundaron mis ojos...
No me atrevo a negarlo tampoco...
Sólo recuerdo que miré el altímetro, el velocímetro y un vistazo a la izquierda, a la tierra argentina de Entre Ríos... como si nunca antes la hubiera visto...
-Pocos minutos después, ambas turistas quedaron en Paysandú y mi esposa y yo regresamos...
Tanto conversamos en los 25 minutos del vuelo que nos pareció llegar enseguida a Fray Bentos...
No lo podíamos creer.
Pasaron los días y una mañana, las viajeras pasaron de regreso de sus incursiones veteranas...
Radiantes ellas, volvían a Montevideo.
Sin embargo, me esperaba OTRA SORPRESA...
En un momento de la conversación, les digo:-Voy hasta la ONDA(famosa empresa que me cortó la pata, hoy desaparecida) y les saco pasaje... ¿A qué horas prefieren...?
-“Bueno –me dice la doctora- en realidad Hilda pensaba si vos no nos podías llevar en el avión a Montevideo... te pagamos los gastos...”-Quéee...???
Hilda, mi mamá...!!!¿Hilda dice eso...???
Nos miramos otra vez desconcertados con mi esposa...¡¡¡INCREÍBLE!!!
¿Qué pudo haber pasado...?
Y entonces, fuimos llevándolas de regreso a Montevideo, aterrizando en Adami... allí adonde jamás mamá había querido siquiera pasar por enfrente...
-Y desde aquella vez, fueron muchas las veces que mi madre –de visita en Fray Bentos- “perdió” por casualidad el horario del ómnibus y Peruchito la llevaba de regreso en el Tri-Pacer o el Comanche después...
Por cierto que el hijo LOCO DE LA VIDA...
“Hoy vamos por arribita de la capa esa de nubes, rozando... porque es precioso...”
-Si mamá... ya me pongo...Vamos para allí...
VAMOS JUNTOS MAMITA QUERIDA...!!!
Hoy, en alguna estrella, Ella me está esperando que llegue con mi avión.
Y otra vez, si... volaremos juntos mamá...!!
YO,
Tu hijo.
1 comentario:
Impresionante nomás... ojalá yo pueda hacer lo mismo!
¿Viste? Otra persona más que descubrió lo que es volar.
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